Los Barriales: un territorio modelado por el agua, los caminos y la vitivinicultura
El distrito Los Barriales constituye uno de los territorios históricos más relevantes del departamento de Junín. Su identidad se construyó a partir de tres elementos que marcaron su desarrollo desde la época colonial: el agua, los caminos y, posteriormente, la vitivinicultura. La articulación entre estos dio origen a un paisaje donde todavía es posible reconocer las huellas de distintos momentos históricos, reflejadas en sus edificios públicos, calles, antiguos establecimientos productivos, viviendas, cementerio y espacios públicos.
Localizado al este del río Mendoza y próximo al arroyo Claro, el distrito se desarrolló en un sector donde la presencia de agua y zonas con relieves bajos condicionaron el poblamiento y las actividades productivas. Probablemente, esta característica natural dio origen a su nombre, que hace referencia a terrenos pantanosos, anegados y con escaso drenaje. Lejos de representar un obstáculo permanente, estas condiciones fueron aprovechadas por sus habitantes y contribuyeron a configurar un territorio con una fuerte vocación agrícola.
La historia de Los Barriales se puede comprender y organizar a partir de tres grandes etapas. La primera corresponde a su conformación como asentamiento vinculado al Camino Real durante la época colonial hasta fines del siglo XIX. La segunda coincide con la expansión de la vitivinicultura y la llegada del ferrocarril, que transformaron el distrito en uno de los principales centros productivos del este mendocino. Finalmente, desde la década de 1970 hasta la actualidad, con la crisis del modelo vitivinícola tradicional y las transformaciones económicas que afectaron a ese paisaje, aunque numerosos testimonios materiales facilitan la reconstrucción de la historia.
Los Barriales, una posta al costado del Camino Real
Los orígenes del distrito están estrechamente ligados al Camino Real que comunicaba Mendoza con Buenos Aires. Antes de la llegada del ferrocarril y del desarrollo de las carreteras modernas, este camino constituyó una de las principales vías de circulación del oeste argentino. Por él transitaban viajeros, comerciantes, tropas militares, arrieros y carretas que transportaban personas y mercancías entre la ciudad de Mendoza y el litoral.
En este contexto, Los Barriales cumplió la función de posta secundaria, funcionando como lugar de descanso antes del cruce del río Mendoza o inmediatamente después de atravesarlo. La disponibilidad de agua, la existencia de terrenos aptos para el descanso de animales y la ubicación estratégica dentro del recorrido convirtieron al lugar en un punto de apoyo para quienes realizaban largos desplazamientos.
Una de las principales vías de circulación era la actual calle Remedios de Escalada, que comunicaba el distrito con el carril Santa Clara, en San Roque (Maipú). Este recorrido constituía una alternativa utilizada cuando la Ciénaga del Bermejo aumentaba su superficie e impedía el tránsito por otros sectores del Camino Real. De ahí la importancia que tenía Los Barriales dentro de la red histórica de comunicaciones. Además, es importante destacar que en esos momentos el río Mendoza era muy caudaloso y en ocasiones era atravesado por el paraje Corrales Negros.
La actual plaza distrital se ubica a 12 km de la Ciudad de Junín, donde en antaño se encontraba la posta El Retamo, una de las más importantes de la Zona Este de Mendoza, fundada en el año 1730, al norte de la actual Av. Mitre. En una época en la que los desplazamientos se realizaban a pie, a caballo o en carretas, recorrer grandes distancias requería de lugares donde reponer fuerzas, alimentar los animales y abastecerse de agua. En este sentido, la presencia de una posta al costado del río refleja la importancia estratégica que alcanzó el distrito dentro de las comunicaciones provinciales.
Con el aumento de la población y de la superficie cultivada, en la intersección entre la actual calle Remedios de Escalada y la Ruta Provincial 60 se consolidó el principal centro cívico. Allí se estableció la plaza distrital, en terrenos donados por el Cabildo y Gobierno de Cuyo a partir de la solicitud de don José de San Martín, quien, con una visión progresista, fue acreedor de 250 cuadras para desarrollar su chacra, facilitar los cultivos en la zona a partir de la apertura de canales y así abastecer a la comunidad. La mensura de los terrenos donados fue encomendada al chileno Don José Herrera, quien dio agua a zonas del este que hoy se encuentran cultivadas en su totalidad.
Alrededor de esta plaza y su cercanía comenzaron a concentrarse los edificios públicos más importantes. Entre ellos, se encuentran la capilla Nuestra Señora de la Luz (el primer templo fue construido en 1881, y el edificio actual data de 1930), la subcomisaría (creada como tal en el año 2008) y la escuela Gervasio Posadas, creada en 1896 y cuyo edificio actual fue inaugurado en 1928. Esta organización del espacio refleja un modelo común en numerosos pueblos rurales mendocinos, donde la plaza actuó como núcleo articulador de la vida comunitaria.
Aunque el distrito se encuentra próximo al río Mendoza, el desarrollo agrícola ha dependido principalmente del sistema de riego alimentado por el río Tunuyán Inferior. A ello se sumó la influencia del arroyo Claro, que conformaba un amplio sector de bañados y ciénagas donde los habitantes obtenían peces y otros recursos naturales. De esta manera, el agua no solamente permitió el desarrollo de la agricultura, sino que también constituyó un recurso fundamental para la vida cotidiana de los primeros pobladores.
La ubicación estratégica de Los Barriales también explica su estrecha relación con algunos de los principales acontecimientos de la historia provincial. Su cercanía con el río Mendoza y con las antiguas vías de circulación hizo que este territorio fuera transitado durante distintos momentos del período colonial y de las campañas independentistas encabezadas por el general José de San Martín. Aunque el distrito aún no existía como pueblo organizado, formaba parte de un corredor cuya importancia resultó fundamental para la comunicación entre Mendoza y el este argentino. Es decir, el actual distrito Los Barriales era parte de la gran zona que comprendía todos los territorios mendocinos ubicados hacia el este del río Mendoza, zona que muchos investigadores circunscriben a los espacios que hoy ocupan Junín, San Martín y Rivadavia.
De este período histórico sobreviven escasos testimonios materiales. Uno de los más representativos es el Molino Orfila, cuya presencia recuerda las primeras actividades agrícolas e industriales desarrolladas en el distrito y constituye uno de los pocos bienes capaces de vincular el paisaje actual con aquella etapa fundacional.
La consolidación de un pueblo vitivinícola
El salto económico y social del distrito, como en muchos otros a lo largo y ancho de la provincia, se asoció a la llegada del ferrocarril y el posicionamiento de la vitivinicultura como actividad central de la provincia desde finales del siglo XIX. La expansión de la vitivinicultura en Mendoza, impulsada por la inmigración europea, la incorporación de nuevas tecnologías y el crecimiento del mercado nacional, encontró en este distrito condiciones especialmente favorables para su desarrollo. A la disponibilidad de agua para riego y la existencia de amplias superficies cultivables se sumó un nuevo elemento decisivo: el ferrocarril.
La estación Benjamín Matienzo fue inaugurada en 1908 sobre el denominado “circuito Rivadavia” del Ferrocarril General San Martín, y modificó profundamente la economía local. Este circuito tenía 46 km de longitud y comunicaba la estación Palmira (departamento San Martín) con Alto Verde (departamento Rivadavia). Este ramal vinculó varios distritos rurales como Barriales, Philipps, Los Árboles, Andrade, Santa María de Oro, Medrano y Rodríguez Peña.
Así, Los Barriales quedó integrado a una red de transporte ferroviario que facilitó la salida de la producción hacia los principales centros de consumo del país, especialmente Buenos Aires y el litoral argentino. También permitió una mayor circulación de personas y fortaleció los vínculos comerciales y sociales con otros departamentos de Mendoza. Según la Guía BAP, en 1930 la estación estaba habilitada para el transporte de pasajeros y cargas. De pasajeros se registra la venta de 13.120 boletos anuales, lo que refleja un gran movimiento de personas. En este documento se registra el traslado de trigo (12.040 kg), vino (6.591.780 litros), frutas (394.400 kg) y hortalizas (40.000kg). Estos datos demuestran la superioridad de la industria vitivinícola, pero también la presencia fuerte de diversidad productiva. De hecho, en la zona de afluencia de la estación, se registra la presencia de población ganadera (640 vacunos, 110 ovejas, 180 cabras, 726 equinos y 680 porcinos). Esta producción estuvo asociada a las zonas de pantanos y ciénagas, que se generaban en proximidad al arroyo Claro y que propiciaban la presencia de pastos y de zonas comunitarias de pastoreo.
Los Barriales fue una zona con un gran desarrollo agrícola. Los registros históricos demuestran la presencia de gran cantidad de bodegas, viñateros, olivares, chacareros y productores independientes, organizados en una extensa red que abastecía de materia prima a las bodegas locales. Esta estructura productiva estuvo integrada por numerosos inmigrantes y familias radicadas en el distrito, cuyas inversiones contribuyeron a consolidar el paisaje agrícola.
El crecimiento económico también impulsó el desarrollo de una variada red de servicios y comercios destinada tanto a la población residente como a quienes transitaban por el distrito. Entre los comercios destaca la presencia de almacenes de ramos generales, farmacias, talleres mecánicos, estaciones de servicio, alojamientos y también cinematografía. Los Barriales funcionaba como un verdadero centro de servicios para una amplia área de influencia, manteniendo la histórica vocación de lugar de paso heredada del antiguo Camino Real.
Los registros de la Guía de Mendoza de 1940 demuestran que en esta época se produjo un despegue socioeconómico, ya que se incrementó el número de bodegas, viñateros y fruticultores, se diversificaron y expandieron los servicios comerciales, gastronómicos (bares,cafés,confiterías, panaderías), culturales (cines, teatros) e industriales (fábricas, tambos, etc.). La consolidación institucional acompañó este proceso de crecimiento. Durante las primeras décadas del siglo XX se fortalecieron las principales instituciones religiosas, educativas y sociales, consolidando un tejido urbano que trascendía las necesidades estrictamente productivas y expresaba la conformación de una comunidad estable, con una intensa vida social y cultural.
Uno de los aspectos más interesantes de este proceso puede observarse en el patrimonio funerario del distrito. A diferencia de otros territorios vitivinícolas mendocinos, donde la prosperidad económica quedó reflejada en grandes bodegas o edificios industriales monumentales, en Los Barriales esa riqueza se manifiesta principalmente en su cementerio.
Los numerosos mausoleos de gran escala, la calidad de sus materiales, la riqueza ornamental y la diversidad de estilos arquitectónicos constituyen una evidencia material del desarrollo económico alcanzado por las familias vinculadas a la actividad agrícola durante la primera mitad del siglo XX. La comparación con cementerios de distritos vecinos, como Las Barrancas o San Roque, en Maipú, permite advertir diferencias significativas en la monumentalidad de las construcciones funerarias, reflejando la posición que ocupó Los Barriales dentro de la economía regional.
Esta característica resulta especialmente reveladora desde el punto de vista patrimonial. Mientras las bodegas y aceiteras históricas presentan, en términos generales, una arquitectura mayormente funcional y de escala modesta, el cementerio conserva un conjunto de registros materiales funerarios que permiten dimensionar la capacidad económica y el prestigio social alcanzados por numerosos productores locales. En este sentido, el patrimonio funerario se convierte en una fuente histórica de extraordinario valor para comprender la verdadera importancia que tuvo Los Barriales dentro del proceso de expansión vitivinícola mendocina.
Leído en conjunto, el paisaje del distrito permite reconstruir una historia que trasciende los edificios individuales. La estación ferroviaria, las antiguas bodegas, los comercios, los espacios públicos, las viviendas y el cementerio conforman un sistema patrimonial que testimonia el momento de mayor prosperidad económica de Los Barriales y explica el papel protagónico que desempeñó dentro del desarrollo agrícola del este provincial.
Los Barriales, entre cambios y permanencias
A partir de la década de 1970, al igual que ocurrió en gran parte de Mendoza, Los Barriales comenzó a experimentar profundas transformaciones económicas y territoriales. La reconversión de la industria vitivinícola, los cambios en los mercados nacionales e internacionales, la concentración de la producción y el cierre de numerosos establecimientos industriales modificaron un paisaje que durante décadas estuvo estrechamente vinculado con la actividad agrícola.
Varias bodegas dejaron de funcionar, otras cambiaron de propietarios o fueron adaptadas a nuevos usos, mientras que parte de los antiguos viñedos fueron reemplazados por otros cultivos, como hortalizas y frutales, que eran más rentables. Paralelamente, el ferrocarril perdió progresivamente el protagonismo que había adquirido durante gran parte del siglo XX, dando paso al transporte automotor como principal medio para la circulación de personas y mercancías.
A pesar de estas transformaciones, Los Barriales conserva un patrimonio excepcional que permite reconstruir las distintas etapas de su historia. Los edificios públicos, las antiguas viviendas, las bodegas, la estación ferroviaria, el cementerio, las acequias y los espacios abiertos componen un paisaje cultural que refleja la interacción entre la naturaleza y el trabajo de generaciones de habitantes.
Estas rutas proponen precisamente esa mirada. No se trata únicamente de visitar edificios o monumentos, sino de interpretar un territorio que fue cambiando a lo largo del tiempo, y comprender las relaciones que existen entre sus distintos elementos patrimoniales. El valor de Los Barriales no reside exclusivamente en sus construcciones más antiguas, sino en la forma en que cada una de ellas permite descifrar o “leer” la evolución histórica del distrito. En la actualidad, Los Barriales constituye el distrito con mayor perfil industrial del departamento; concentra el 27% de las bodegas y el 22% de las agroindustrias del departamento, que se ubican en la RP 60, propiciando el crecimiento urbano a lo largo de este eje.
De modo que los bienes que integran estas rutas culturales son una invitación a reconocer el patrimonio como una construcción colectiva, que articula distintos tiempos, y que es resultado del esfuerzo de generaciones de vecinos que hicieron de este territorio uno de los principales centros agrícolas del este mendocino. Conocer esta historia no solo permite valorar el pasado, sino también comprender los desafíos presentes y fortalecer la identidad local como base para proyectar su futuro.