En 1816, el General José de San Martín refiere a Los Barriales cuando eleva un pedido al Gobernador Intendente Toribio Luzuriaga, para ser acreedor de 250 cuadras (que, medidas en hectáreas equivalen a 394) de terreno para establecer allí su chacra. A este espacio el Capitán lo llamó “Mi Tebaida”, haciendo referencia a “su refugio”, que utilizaría durante su vejez, luego de que se cumplieran sus deseos libertarios, aunque finalmente, nunca pudo hacerlo.
En ese contexto, en 1818 hizo construir un molino hidráulico para elaborar harinas a partir del trigo cosechado en las chacras vecinas, y así proveer de pan a las familias de la zona. Dicho molino se haría funcionar a partir de la fuerza que produciría la cascada de agua de un canal derivado del Matriz San Martín, denominado en ese momento Acequia de la Patria.
Las obras incluyeron galpones, tomas de agua, casonas, un observatorio y granero hecho de madera y quincha, algunos de los cuales hoy se conservan íntegramente, y, de otros, solo vestigios. El molino se ubicó en la llamada Villa Orfila, dentro de una gran propiedad vitivinícola a 8 km de Los Barriales. Posee galerías internas y externas y un gran patio central. Junto a él se encuentra el Santuario San Cayetano. Por todo esto, el molino se convirtió en un importante factor de desarrollo del departamento de Junín, creado este último en el año 1859. La modificación de los límites departamentales hizo que el molino quedara en jurisdicción juninense.
En 1845 la apoderada de San Martín vende, por disposición de él, el terreno a los hermanos Corvalán Ortiz. Posteriormente, a principios del siglo XX (año 1905) la propiedad fue adquirida por José Orfila, inmigrante español que construyó allí un moderno molino y un prestigioso establecimiento vitivinícola que comenzó a elaborar vinos en 1915. Con su fallecimiento, estos bienes pasaron a manos de sus herederos, que formaron la Sociedad Anónima José Orfila Limitada.
En la actualidad, parte de esas instalaciones se conservan en lo que se conoce como Solar Histórico Orfila, devenido en un importante atractivo turístico y patrimonio de los mendocinos. En el edificio se halla un museo familiar, con fotografías, documentos, libros y elementos de la antigua bodega. También hay una sala de ventas de la empresa que consiste en un stand francés reciclado, para recepciones y agasajos. Por otro lado, es importante destacar que a nivel de conexión territorial, recientemente se han pavimentado calles que conducen al Molino, con los beneficios sociales, económicos y políticos que estas obras traen aparejadas.